viernes, 3 de septiembre de 2010

Y recuerdo que me mandaba canciones..

Y yo las escuchaba a la misma hora cada día. Exactamente cuando más necesitaba esas fuerzas que ya de mi se iban…
Temerosas de no saber entenderme…
Mis oídos se perdían en las historias que me narraban las letras. Me hundía en sonidos perfectos y por momentos olvidaba lo que si era real en mi vida. Y recuerdo que a diario me escribía. Y yo lo leía a la misma hora cada día. Cuando extrañaba esos susurros que seguramente debían ser hermosos. Me estremecía al leer lo que me decía, lo que sentía…
Soñaba con el roce de sus manos. Con el eco de sus sonrisas…
Y recuerdo la primera vez que me regalo retazos de su voz…
Y yo lo oía…
A la misma hora cada día…
Justo cuando todo se desmoronaba y yo me derretía lentamente entre tanta historia vacía…
Imaginaba escucharlo con mis ojos…
Descifrar los secretos que me escondía. Y recuerdo que me mandaba fotos…
Y yo las miraba absorta y anublada a la misma hora cada día. Precisamente cuando todo mi alrededor me desconocía…
Y yo me perdía…
Y recuerdo también cuando conoció mis lágrimas…
Y las escuchó un solo día…
Una vez.
Un momento.
Y también recuerdo cuando me di cuenta que era lo que verdadera mente sentía…
En el instante donde me redescubría a mi misma…
Y recuerdo también cuando me di cuenta que había llegado demasiado tarde a hilvanar los hilos de mi vida…
Su lugar había sido ocupado demasiados años antes...

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